Probablemente has visto o escuchado hablar de Hatchikō, un perro muy famoso por la lealtad que le guardó a su amo aún después de morir. Te contamos todo sobre él y la ubicación del monumento que se construyó en memoria a esta mascota.

Hachikō nació en una granja cercana a la ciudad japonesa de Odate en noviembre de 1923, de raza akita, emblema de suerte y orgullo japonés, fue otorgado como regalo a un reconocido profesor, su nombre Eisaburo Ueno, quien trabajó para el departamento de agricultura en la Universidad de Tokio impartiendo clases.

Hachikō se entregó por completo a su nuevo dueño, creció y diariamente lo acompañaba a la estación de tren en la que Ueno partía a su trabajo. Y cada tarde cuando volvía, allí estaba el perro sentado esperando siempre en el mismo sitio, día tras día.

Así pasaron años con la misma rutina, hasta que un día el profesor ya no puedo volver.  Sufrió un paro cardíaco mientras impartía clases y su corazón no pudo resistirlo.

Sin entender lo que sucedió Hachikō lo esperaba en el mismo sitio frente a la estación del tren durante años.

Afortunadamente los trabajadores del tren y los negocios de los alrededores empezaron a cuidar a Hachikō, brindándole comida y agua. Así pasaron más de 9 años en los que la fiel mascota continuó en la estación esperando a su amado profesor.

La muerte de Hachikō llegó en marzo de 1935, por fin se unió a su querido amigo Eisaburo.

Gracias a ese gesto de nobleza de Hachikō a su dueño, se erigió una estatua de bronce en honor al perro, se ubicó en el lugar en el que durante tantos años esperó paciente que su querido amo volviera para acompañarlo a casa como cada tarde.

Los restos de Hachiko fueron enterrados junto a su gran compañero, en el Cementerio de Aoyama, Minato.

Esta historia inspiró una película estrenada en 2009, protagonizada por Richard Gere, en el papel del profesor Eisaburo. Sin duda una historia inspiradora y emotiva.

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