Las tradiciones japonesas son muy diversas, su cultura es muy rica y dentro de las costumbres que aún se mantienen arraigadas desde tiempos remotos está el origami, el cual se ha diversificado con el andar del tiempo.

Esta forma de expresión consiste en el arte de doblar un trozo de papel para formar figuras. El origen de realizar estos objetos se remonta al siglo I o II d.C en China, para el siglo VI llega a Japón donde toma mucha relevancia y exclusividad. En ese periodo, fabricar papel no era accesible para todo el público, reservándolo solo para las clases acomodadas de la aristocracia japonesa. Fue entonces que este “arte”, formó parte de las ceremonias tradicionales.

Con el paso de los años, fabricar papel se volvió más accesible y casi cualquier persona tenía acceso al mismo, entonces realizar figuras de origami adquirió un nuevo significado en el periodo Muromachi (1338-1573) que sirvió para distinguir las clases entre la aristocracia de los samurái.

El origami se llamó en un principio orisue” u “orikata  y no  fue hasta a finales del siglo XIX que adoptó el nombre “origami”.

Por otra parte, también formó parte de la cultura europea en donde se realizó una fusión de origami de oriente y de occidente, ambas culturas combinaron sus estilos dando origen al origami que conocemos hoy. En el origami tradicional los modelos pasan de mano en mano, enseñados de generación en generación y a menudo cambian de forma y nombre.

Existen diversos tipos de origami:  origami de acción, en el que las figuras pueden moverse de maneras ingeniosas. El origami modular que está formado por  varias piezas idénticas que conforman una en total.  y el origami pureland que es más complejo y se necesita de mucho cuidado para realizar los pliegues.

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